Diario de Campaña, Sesión 4, Nueva York  

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Las Máscaras de Nyarlathotep

21 de enero de 1925, miércoles (continuación)

A mediodía, los investigadores visitan de nuevo la comisaría de policía, en busca de datos sobre los sectarios fallecidos en el Hotel Chelsea. Por desgracia, todos los hombres estaban indocumentados, y nadie ha reclamado los cuerpos. Parece imposible averiguar su identidad.

A partir de ese momento, emprenden una minuciosa investigación sobre los miembros de la tristemente célebre expedición Carlyle. Tan exhaustivo trabajo de campo les llevará desde este día hasta el 7 de febrero, sábado. Resulta interesante el hecho de que varios miembros de la expedición contaban con antepasados de oscuro historial. De Roger Carlyle averiguan además que era juerguista y enormemente rico. Se rumorea que llevó consigo al doctor Huston para que este no pregonase ciertos secretos inconfensables del propio Roger. Sir Aubrey Penhew tenía una reputación intachable, y su Fundación en Londres ha ayudado a muchos niños pobres. Hypatia Masters tenía una relación de amistad con Roger, y quizá por ello el playboy contó con ella para la tarea de inmortalizar con su cámara el viaje. Jack Brady, antiguo soldado y mercenario se libró de un juicio por asesinato gracias a la ayuda de Carlyle, y desde entonces le era absolutamente fiel. Jack debía su apodo (Brass) a una placa de latón que portaba siempre en el bolsillo del pecho, tallada por su madre con extraños símbolos. Se dice que la placa fue mellada varias veces por las balas.

Investigaciones adicionales sobre Erica Carlyle revelan que ella fue la responsable de que Roger no dilapidara la fortuna de la familia. Por otro lado, Anastasia, la amante de color de Roger, es un misterio absoluto.


9 de febrero de 1925, domingo

En esta fría mañana, los investigadores visitan por segunda vez la Casa del Ju-Ju. Samuel y William optan por no acudir. La tienda está cerrada, y los valerosos amigos logran forzar la cerradura. No tardan en descubrir una trampilla en el suelo, tras el mostrador. La trampilla conduce a unas escaleras que descienden hasta un estrecho pasadizo cubierto de siniestras inscripciones. Al final del mismo, les aguarda una pesada puerta, que Constantinus se encarga de abrir de un escopetazo.

Más allá encuentran una estancia amplia, con las paredes repletas de grabados aterradores. Grandes tambores flanquean las paredes. Unos postes con correas parecen apropiados para atar y torturar a víctimas indefensas. En el suelo, una enorme losa circular, unida a unas cadenas y un juego de poleas, parece tapar algo que los investigadores no están seguros de querer desvelar. Al fondo hay unas sucias cortinas.

Cuando se adentran en la sala, las cortinas se apartan con brusquedad, y emergen cuatro hombres enloquecidos. Están completamente desnudos, en sus frentes está grabado el horrendo símbolo de la secta que Jackson Elias portaba al morir, sus torsos están abiertos de arriba abajo en monstruosas heridas de las que penden sus intestinos. En sus ojos no hay rastro de vida.

Los horrendos zombies atacan a nuestros amigos. Se libra una encarnizada batalla. Los disparos de las armas de fuego de Sarah-Jane y Constantinus retumban en la pequeña estancia. Collin reparte puñetazos con una energía demoledora. En unos instante, los zombies han caído fulminados por nuestros héroes.

Investigando tras la cortina, al instante descubren un interesante botín que incluye una capa de plumas, unas garras de tigre, el libro que desapareció de la Biblioteca de Harvard, una misteriosa máscara tribal, un bol de metal dorado, un cetro grabado y una pequeña cinta de metal.

Aún están recogiendo estos curiosos objetos cuando se ven sorprendidos por un sonido sobrecogedor que parece venir de debajo de la gran losa circular que cubre parte del suelo. Parece tratarse de un angustiado coro de aullidos humanos.

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